jueves, 23 de septiembre de 2010

SEÑORITA MARIPOSA




Cada mañana se ve al espejo. No comprende totalmente lo que sucede. A veces siente que su cuerpo no le pertenece, que ella està ahì como perdida dentro de una selva, atemorizada, sin saber que debe hacer, incertidumbre absoluta… Pero el reloj sigue marcando el tiempo y tiene que dejar sus inquietudes y dudas para otro momento. Es hora de ir al colegio, pronto llegarà el bus a la esquina a recogerla. Desayuna precipitadamente, un beso a mamà y se va corriendo. Por unas horas su mente estarà ocupada y no pensarà en eso que la tiene tan angustiada.



Al recreo, su mejor amiga se le acerca. Està extraña. Le pregunta que tiene. Le contesta que no entiende pero que algo se està transformando en ella… Ambas se miran y se comprenden. Estàn en la etapa de la vida donde son “señorita mariposa”…

viernes, 23 de julio de 2010

EL VUELO DE MIS PENSAMIENTOS

EL VUELO DE MIS PENSAMIENTOS




Mis pensamientos vuelan como avecillas

Inquietas hacia los campos de semillas

Te buscan entre las flores llenas de rocìo

Para aliviar la sed de tu ausencia



Vuelo de gaviotas hacia el horizonte

Sobre las calmas aguas de la mar azul

Sobre la cresta de espumantes olas blancas

Siempre bajo el cielo azul



Vuelan mis pensamientos recordando

Los sueños que tejía en mi juventud

Aquellos donde el amor era eterno

Y donde el dueño de mi amor eras tù.



Ahora que la vida transcurre sin tu presencia

Vuelo por el espacio de la memoria

Para encontrar en el universo infinito

El lugar donde tu ser se encuentra



Mis pensamientos son avecillas

Que sacian la sed de mi alma

En el rocio de las tempranas rosas

Mientras llego a tu morada.

jueves, 1 de julio de 2010

¿QUEDO ALGO DE MI EN TI?

¿QUEDÒ ALGO DE MÍ EN TI?



Me pregunto constantemente


Si quedó algo de mí en ti.


Si pude dejar en tu alma la huella


Del amor que tanto tiempo te di


Si pude dejar en tu memoria


Algún recuerdo de mi frenesí


Mientras en tus brazos me fundía


Aquellas soleadas tardes de abril






¿Quedó en ti algo de mí?


¿Será que tu alma, que no cesa


De buscar no se que cosa


Entre su deambular de rosa en rosa


Herida de espinas mil


No pudo guardar en su memoria


Tan siquiera un beso


De todos los que te di?


¿Ni siquiera una ráfaga de mi aliento


O un ligero roce de mi piel?






¿Cómo saber si mis palabras


Se perdieron en la oscuridad del olvido


Donde muere todo lo que es vano


Ese que te ha llevado por la vida


Como un mortal sin pasado?






Al final me digo como respuesta:


Que importa si de mi quedó en ti


Palabra, rosa, espina, esencia


Lo que importa a mi existencia


Es que te amé con locura cierta.

jueves, 27 de mayo de 2010

                                           MELANCOLIA




Esa palabra evoca recuerdos del pasado. Cuando las tardes de lluvia eran grises y sin la luz del sol mi ser se apagaba, cuando no encontraba sentido de la existencia, cuando las preguntas no obtenían respuestas. Tardes de muchos inviernos sin sol. Solo la lluvia que muchas veces decidía caer días enteros. Temporales les llamaban. En aquella habitación de la casa donde pasé mi niñez y adolescencia, una niñez que se ha fragmentado en la memoria y se perdieron en algún lugar del sideral espacio muchos recuerdos. Casi todos. Son tan pocos los que logré retener. Pero entre ellos están esas tardes lluviosas, que hacían que el encierro fuera físico y mental. Si. Mi mente estaba encerrada entre las fronteras de la vida difícil que en esa época se vivía. Tan difícil como la de siempre. Ahora que han pasado muchas hojas de incontables almanaques puedo comprenderlo. Época en la que la gente no alzaba la voz, se hablaba en susurros, temerosos de ser escuchados por alguien y otro alguien se presentara a cualquier hora del día o de la noche, tocando con insistencia la puerta o abriéndola a la fuerza por órdenes superiores. Época en que expresar lo que se pensaba era prohibido, so pena de la cárcel como mínimo. Entonces, nosotros los niños, aprendimos a callar y casi a no pensar. O por lo menos yo. Porque no recuerdo que pensaba esas tardes que llovía sin parar. Veía los ríos de agua que fluìan por la calle hacia las reposaderas; hacía barquitos de papel periódico (de El Imparcial) y los echaba a navegar en esas correntadas de agua, pero no recuerdo que yo me fuera navegando dentro… solo eran barcos de papel. Talvez si hubiera podido soñar un poquito más allá de los temores de la gente, habría navegado por esos ríos caudalosos hacia ciudades mágicas, donde los niños reían y jugaban, donde no había penurias ni miedos, donde se podría pensar de todo y contarlo a los demás niños… Hubiera podido navegar esos mares que rodean a la tierra y encontrar barcos piratas y poder ver sus tesoros; ver a las ballenas con sus crías mientras cantaban canciones que hechizaban a los marineros; conocer islas encantadas, con hadas y duendes y hablarles y recibir sus secretos para ser eternamente niños, eternamente hermosos, eternamente felices…



Melancolía que hoy está de nuevo dentro de mi alma. Hoy también llueve, aunque ya no son los inviernos de mi niñez. Ahora el cambio climático es el tema de actualidad porque todo está cambiando. Tengo enfrente de mí una difusa imagen del volcán de Agua, cubierto casi totalmente de nubes grises. Apenas un claro al lado izquierdo que permite saber que no se ha movido de ahí. Que permanece quieto y callado con todos los pequeños pueblos en sus faldas. Y pienso en la melancolía que abatía a doña Beatriz por su viudez; su marido, el conquistador, Don Pedro, había muerto poco tiempo atrás y ella había asumido el mando del gobierno. Su melancolía la hizo del dominio público pintando el Palacio de negro, como sus penas de amor. Y llovió muchos días mientras ella sufría por la partida de su esposo. Y el Volcán guardó la lluvia hasta rebalsar. Entonces la arrojó con furia. Fue el encuentro de la melancolía de dos seres: la viuda y el volcán. El ganó. Ella murió envuelta de melancolía dentro del negro palacio real que se inundó del agua que bajó del volcán.



Mi melancolía no compite esta vez con nadie. El volcán está frente a mi ventana pero no amenaza ni sufre ni rebalsa aguas. Tan solo yo rebalso de este sentimiento que de pronto me envolvió el alma y me ha dejado nostálgica, melancólica, pensativa, y de nuevo quiero hacer barquitos de papel pero ahora si quiero subirme a ellos y navegar. Puede que este viaje si me lleve a los lugares encantados de las hadas, los duendes, los príncipes, mi amado, mi felicidad…



DORIS STREMS

martes, 11 de mayo de 2010


EN EL DIA DE LAS MADRES




Como variar las palabras que se escriben, se dicen, se piensan, en el Día de las Madres; mutarlas para que no sean repetitivas, e incluso suenen huecas en su irrealidad, y también que no parezcan cursilerías baratas… No lo se. Porque hay palabras que al paso de los siglos mantienen su esencia indestructible. Porque otras al paso del tiempo van cambiando sin dejar de ser ellas. Talvez por eso este día fue especialmente difícil encontrar nuevas palabras para ustedes.



Pero queridas amigas, díganme si la palabra MADRE puede ser modificada para que pueda tener una significación más allá de lo que ella dice; si esa palabra en muchas lenguas fonéticamente es casi la misma y con el mismo significado. Si se ha ido arraigando su significado hacia todo lo que implica origen, vida, creación.



Los Incas adoran a la PACHAMAMA; diosa de la creación. La madre tierra.

Para los griegos, la diosa HERA, esposa de Zeus, protectora del matrimonio y del nacimiento. Se dice en la mitología que ella estableció como su símbolo una vaca, por ser el más maternal de los animales. Los egipcios adoraron a la gran diosa madre: ISIS. Era la fuerza fecundadora de la naturaleza. Y nuestros Mayas tienen a la diosa IXCHEL; diosa del amor, de la gestación, de la luna, de la medicina y otros atributos más.



Y como no tener en cada civilización una diosa a través de la cual rendir el tributo a quien simboliza la VIDA, el AMOR y que es llamada MADRE.



Ustedes son madres. Ustedes participan de esa particular esencia que significa ser Madre. Han entregado al momento del parto una cuota de su propia vida para lograr el nacimiento de sus hijos sin importar si en ello perdían incluso la propia. El grado de amor es así infinito.



Entonces, que palabras puedo escribirles esta vez, que no sean una repetición de su condición de copartícipes de la creación del ser humano. Si DIOS decidió en ese proceso de poner al ser humano sobre el planeta Tierra a través de mujeres convertidas en MADRES y ustedes formaron parte de sus elegidas. Entonces EL tuvo que dotarlas de las condiciones necesarias para esa misión. Es ahí donde las palabras deben ser repetidas infinitamente porque su esencia es invariable: ustedes son el AMOR y por este magno don, pueden ser las mujeres dedicadas, abnegadas, comprensivas, tolerantes; por ello pueden ejercer un ministerio completo en sus hogares: aconsejando y corrigiendo a los hijos, formando sus corazones con valores y principios, forjando sus caracteres para resistir la vida que se les dio en el medio del mundo y sus peligros; velando días y noches cuando la enfermedad amenazante les hacía daño; jugando con ellos aquellos juegos que acababan con las energías que emergían más del corazón que del cuerpo, cansado de los quehaceres domésticos y del trabajo fuera de casa cuando fue el caso.



Así que mis queridas amigas, aquí estoy repitiéndoles esas palabras que las definen: UDS. SON MADRES ESCOGIDAS DE DIOS y hasta hoy pueden decirle que han realizado la misión con grandes resultados, cosa que EL conoce más que ustedes mismas. Así que yo solo puedo decirles en su día:

SEAN POR SIEMPRE MADRES.

SEAN POR SIEMPRE BENDITAS DE DIOS.

SEAN LOS FRUTOS DE SUS HIJOS LOS MEJORES TESOROS QUE LA MATERNIDAD LES REGALE.



Doris Strems

Guatemala, 10 de mayo 2010

lunes, 12 de abril de 2010


LA CASA DE ADOBE

No resistiò la sacudida que al amanecer dio la tierra. Esta se quiso quitar de encima todo aquel oprobio que los seres humanos le iban cargando sin consideraciones de ninguna clase. Tomaban de su interior todo lo que podían y lo transformaban en pertenencias a las que iban dàndole valores inimaginables, o mejor dicho, absurdos. Preferían de sus entrañas el oro al agua fresca, o metales que podrian incluso hacerla a ella añicos en un breve tiempo a los prados verdes llenos de vidas animales a cuales màs insòlitas. Y como no provocar su còlera aquellos inmensos taladros que la perforaban con saña buscando en su profundo intestino aquel lìquido pegajoso, maloliente y asfixiante, que se habìa convertido en la mejor excusa para acabar con ella en unos cientos de años, que eran nada comparado con los millones de años que ella llevaba dentro del sistema solar formando esos rios de liquido negro que la sostenìan equilibrada en su reloj universal dando vueltas alrededor del sol.

Esa mañana, harta de la necesedad y ambisiòn de esos desconsiderados humanos, decidiò enviar una señal de su gran enojo. No encontraba cual parte de su cuerpo sacudir, porque donde quiera que fuera, habrìan muchos que, pensàndolo bien, no eran tan inocentes como se decìa. Porque su hambre la fueron saciando cortando uno a uno los àrboles que ella necesitaba para generar oxìgeno. Quemaban los campos con todo lo que en ellos vivìa para sembrar su alimento bàsico, olvidados de que todo es un sistema armònico y entrelazado en el ciclo de la vida. Podrian estar excentos de su delito por que al fin y al cabo si no lo cometìan, igualmente morirían de hambre. Pero solo estaban difiriendo su muerte. Sus hijos padecerìan las màs crueles sequìas que ellos no conocieron y que si provocaron. No habia soluciòn. Tenìa que enviar su voz de alerta y tenìa el tiempo contado. De lo contrario, ellos acabarìan antes con ella: suicidio total. Para salvarse y salvarlos tenìa un plan. Irìa enviàndoles señales en dosis suficientes para que la escucharan y ¡ojalà¡ actuaran en consecuencia.

Asì que escogiò aquel lugar para enviar su queja. Sabìa que un pequeño estiròn de brazos en ese punto removería grandes extensiones y que en ellas se derrumbarían casas, edificios, puentes; se resquebrajarían sus calles; se formarìan una olas de agua tan inmensas que arrasarìan poblados enteros; la peste no daria tregua para la sepultura individual bajo ningùn ceremonial. Sabìa eso y mucho màs… En ella la sabidurìa es absoluta.
Entonces tomò la decisiòn final. Un estiròn, un suspiro profundo y luego la quietud. Sabìa que sus mùsculos se quedan oscilando a ciertas frecuencias cuando ella se mueve a una fuerza superior a la que la mantiene estable. Pero no habia otra forma. Mejor dicho, si la hay pero siempre que la piensa prefiere esta pequeña instancia. La otra es su propio final. No es suicida, se dice siempre.

Se removiò de su lecho unos segundos, con fuerza, con rabia, pero pensando que si eran tan inteligentes como pregonaban, aprenderìan a escucharla.

La vieja casa de adobe de mi infancia se desplomò. Una nube de polvo invadió todo. Los segundos parecieron horas. Cuando cesò la sacudida la vida de abuela se habia ido. Supe màs tarde que acompañò en su viaje a casi todo el resto del pueblo. Los pocos que sobrevivimos no pudimos enterrarlos ni rezarles ni nada. Una gran fosa recogiò a todos y fueron a rendir su tributo a la madre tierra.

Doris Strems


viernes, 5 de marzo de 2010

ACASO

ACASO

Acaso crees que de verdad de ti me olvidé
O acaso piensas que el amor que sentía por ti
Era una mentira como las que tú me decías
Y talvez, acaso puedes recordar aquellos días
Cuando en mis brazos te abandonabas triste
Mientras decías cuanto miedo de la vida tenias…

Acaso hoy sigues perdido en la vida
Laberinto donde has extraviado tu destino
Sin tener en tus recuerdos aquel desatino
Que te hizo de mi amor burlarte cual divo
Narciso cruel de ego adormecido

Acaso no sueñas alguna madrugada fría
Con mis besos y mis entrañas ardientes
Que te acogían sin pudor y con ardor
Cielo e infierno fundidos en el crisol del amor
Eternidad que nos llevó por el cosmos
A galope y en carros de fuego sin frenos
Hasta culminar con los cuerpos sin aliento
Y los corazones de felicidad repletos

Acaso, dime, no dices mi nombre
Alguna noche cuando la ausencia de la luna
La llena de oscuros miedos y viejos temores
Mientras recuerdas nuestras largas horas
De compañía quieta y de horas de amores

Acaso ya me olvidaste
Acaso solo has sido un sueño del que despertaré
Cualquier día de estos…

Doris Strems
3 marzo de 2010